Formación Continua y Empresa

En el II Acuerdo Nacional de Formación Continua  define a la misma como “el conjunto de acciones formativas que se desarrollen por las empresas, los trabajadores o sus respectivas Organizaciones, a través de modalidades previstas en el mismo, dirigida tanto a la mejora de competencias y cualificaciones como a la recualificación de los trabajadores ocupados, que permitan compatibilizar la mayor competitividad de las empresas con la Formación individual del trabajador”.

Vivimos en una sociedad caracterizada por el cambio acelerado de los elementos que la integran. Este hecho en sí no es nuevo, sin embargo, la rapidez, frecuencia, naturaleza e impacto del cambio hacen que en la actualidad, estos cambios tengan una especial relevancia en la empresa.

Podemos destacar como principales factores impulsores del cambio en la empresa:

    • Los avances tecnológicos, y en particular los avances de la tecnología de la información.
    • La internacionalización de los mercados.
    • La evolución de los sistemas de gestión y producción.
    • La evolución de los productos ( personalización, duración, etc. )

Otros estudiosos, determinan que la sociedad de la información y el conocimiento, se encuentran en una verdadera transformación estructural caracterizada por profundos cambios tecnológicos, económicos y sociales, las causas de estos cambios se deben principalmente a:

    • La aceleración del cambio en las ciencias y las tecnologías.
    • El aumento de la complejidad en todos los órdenes.
    • La evolución de la certidumbre en el empleo a la incertidumbre.
    • Desarrollo de una competitividad desenfrenada.
    • Internacionalización e interdependencia de nuestras sociedades.
    • La desmaterialización e interdependencia de nuestras sociedades.
    • La desmaterialización de los intercambios y sistemas de producción.

La formación en el ámbito de la empresa hay que entenderla dentro del objetivo último de ésta: obtener rentabilidad económica y social a través de la gestión de sus recursos, tanto humanos, como materiales y tecnológicos.

Teniendo en cuenta lo anterior, no cabe duda que está justificada la existencia de acciones formativas en la empresa. Hoy en día el desarrollo organizativo y el desarrollo empresarial están estrechamente ligados al cambio, hasta el punto que el cambio y su administración son factores esenciales dentro del éxito profesional. Las empresas necesitan adecuarse a los cambios para garantizar su supervivencia.

Las funciones básicas de la Formación Continua establecidas en la Resolución del Consejo de las Comunidades Europeas sobre Formación Profesional Permanente son:

    • Adaptación permanente a la evolución de las profesiones y del contenido de los puestos de trabajo y, por tanto, mejora de las competencias y cualificaciones indispensables para fortalecer la situación competitiva de las empresas y su personal.
    • Promoción social que permita a muchos trabajadores evitar el estancamiento en su cualificación profesional y mejorar su situación.
    • Prevención para anticipar las posibles consecuencias negativas de la evolución del mercado y para superar las dificultades que deben afrontar las empresas en curso de reestructuración económica o tecnológica.

La formación en la empresa debe estar orientada a la rentabilidad en sus dos versiones, de eficacia y de eficiencia.

  • Desde la eficacia la formación debe ser:
    • Útil (centrada en habilidades y aptitudes)
    • Práctica (formación para la aplicación)
    • Optimizable (mejora continua)
  • Desde la eficiencia la formación debe:
    • Utilizar la metodología más adecuada.
    • Rentabilizar los recursos.

La formación en la empresa debe de reunir unos requisitos mínimos para cumplir con su función de herramienta de apoyo a la mejora de la competitividad:

  • Ha de estar integrada en la estrategia de empresa.
  • Ha de responder a los intereses de la empresa y de los trabajadores.
  • Ha de estar planificada y tener definidos los objetivos.
  • Ha de ser evaluada.